Hace ya unos cuantos días que lo he visto, y aun no he podido quitármelo de la cabeza. Su presencia se siente incluso antes de entrar en la sala donde está. En cuanto entras y lo localizas al fondo de la sala, es imposible fijarse en otra cosa. A su lado el equipo más avanzado y sofisticado del mundo se ve reducido a la categoría de cacharro.

Un diseño sin concesiones. La elegancia del color negro, el toque exquisito de la barra violeta, la perfección presente en todos sus ángulos, ese interruptor en rojo que recuerda al
IMSAI 8080 de
"Juegos de Guerra" ...
Es curioso ver la reacción de la gente que lo ve por primera vez. Todo el mundo quiere tocarlo, y el que se decide, lo hace con miedo, como si se tratase de una escultura en un museo ó un megalito negro puesto allí por los extraterrestes hace cuatro millones de años.
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